Rusia puede hacer otro juego de poder en América del Sur

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El presidente ruso, Vladimir Putin, viajará a Bolivia para asistir a la cuarta cumbre del Foro de Países Exportadores de Gas, que se realizará del 20 al 24 de noviembre. Este es el primer viaje del presidente Putin a la nación sin salida al mar, y si bien las relaciones entre Rusia y Bolivia no son tan investigadas y discutidas como las relaciones de Moscú con Nicaragua o Venezuela, de todos modos vale la pena analizarlas en profundidad.

A fines de octubre, el diario boliviano El Deber citó al embajador ruso en Bolivia, Vladimir Sprinchan, sobre una reunión que sostuvo con las autoridades bolivianas sobre la próxima visita del presidente Putin. El diplomático ruso explicó que «analizamos diferentes asuntos ya que Bolivia es un socio de Rusia y tenemos muchas opiniones en común, tenemos la misma ideología, y eso es muy importante».

Lazos estrechos entre Rusia y Bolivia

Además del apoyo diplomático, las relaciones entre Bolivia y Rusia giran en torno a iniciativas energéticas. Por ejemplo, el gigante energético ruso Gazprom opera en Bolivia desde el memorando de entendimiento de 2007 con la empresa petrolera estatal boliviana Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos.

Aún más, la Agencia Boliviana de Energía Nuclear (ABEN) y la compañía de energía rusa (ROSATOM) firmaron un contrato para la construcción de un centro de investigación y tecnología nuclear (NRTC) en septiembre pasado. Según un comunicado de ROSATOM, el NRTC que se ubicará en la ciudad boliviana de El Alto comprenderá un reactor de investigación refrigerado por agua, un centro de instalación de gamma experimental multipropósito, instalaciones de ingeniería y varios laboratorios.

En cuanto a los proyectos potenciales que pueden materializarse cuando visita el presidente Putin, las ventas de armas son las más probables. Según la famosa Jane’s, el comandante de la fuerza aérea boliviana recomendó que La Paz adquiriera el avión de ataque ligero «Mitten» ruso Yakovlev Yak-130 para reemplazar los Lockheed T-33 del servicio. Si bien el presupuesto de defensa de Bolivia no es tan grande como el de Venezuela, el país es un terreno fértil para las exportaciones de armas rusas.

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