La tésis científica sobre el ataque de embajada en La Habana

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La tésis científica sobre el ataque de embajada en La Habana
La tésis científica sobre el ataque de embajada en La Habana

El Pentágono financió el desarrollo de altavoces para producir sonidos de largo alcance. La Marina los utiliza para alejar a los piratas, mientras que el Ejército los despliega en los puntos de control. En los últimos años, la policía ha utilizado los llamados dispositivos acústicos de largo alcance para romper las multitudes como las de las protestas en Ferguson.

Pero estas armas funcionan porque son insufriblemente ruidosas, y si se usan contra los diplomáticos en Cuba, no habría misterio al respecto. Por lo tanto, la especulación ha girado alrededor de otra posibilidad: un dispositivo que produce un sonido fuera del alcance del oído humano.

Una posibilidad es el infrasonido, sonido de baja frecuencia que no puede ser oído por los humanos. Un informe del Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental en 2002 señaló que los militares habían usado armamento infrasonido, pero no había tenido éxito porque era difícil enfocar las longitudes de onda.

El efecto primario del infrasonido en los seres humanos «parece ser molestia», concluyó el informe.

El uso del ultrasonido en los ataques

El ultrasonido es la posibilidad más probable. A frecuencias superiores a 20.000 hertz, más allá del oído humano, el ultrasonido puede dañar el tejido si se produce con suficiente potencia.

Los médicos usan blastos enfocados de ultrasonido para aplastar cálculos renales. Hace décadas, los investigadores crearon intensamente poderosos haces de ultrasonido en los laboratorios que pueden matar a un ratón a corta distancia.

Los rayos de ultrasonido menos potentes no causan lesiones y tienen una variedad de usos médicos, incluyendo exploraciones médicas comunes. Pero hay evidencia anecdótica en ciertas intensidades, que pueden hacer que la gente muy incómoda.

Steven L. Garrett, que enseñó acústica en la Universidad Estatal de Penn antes de retirarse el año pasado, solía demostrar vigas de ultrasonido a sus estudiantes. A menudo se ponía náuseas y desarrollaba un dolor de cabeza; finalmente se llevó a usar equipo de protección.

«No los usamos más a menos que no sólo tuviéramos tapones en los oídos, sino orejeras sobre los tapones para los oídos», dijo.

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