La rivalidad entre EE. UU. y China por la tecnología

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Probablemente sea una guerra por el comercio. Pero también es una batalla por la tecnología. Mientras Estados Unidos y China se desvían hacia una guerra comercial en toda regla, el presidente estadounidense, Donald Trump, destacó el plan “Made in China 2025” de Pekín como una gran amenaza para los intereses económicos estadounidenses que viola las reglas del comercio mundial.

La actual disputa comercial surgió de una investigación de la Sección 301 de los EE. UU. que sostenía que las prácticas comerciales desleales de China y la política industrial respaldada por el Estado contravienen tanto el derecho comercial estadounidense como el internacional.

La administración también debe intensificar las medidas para prohibir a las empresas chinas invertir en empresas de tecnología estadounidenses y bloquear las exportaciones de tecnología a China.

La iniciativa “Hecho en China 2025”, que fue presentada por primera vez en 2015 por el gabinete chino, dirigida por el primer ministro Li Keqiang, busca convertir al país de la fábrica mundial en un líder tecnológico global. Como una directriz de desarrollo industrial, tiene como mira a 10 sectores estratégicos y tecnológicamente importantes, incluidos los de tecnología de la información, biotecnología, robótica, aeroespacial y vehículos de energía limpia.

El plan no es necesariamente incompatible con las normas de la Organización Mundial del Comercio ni con ninguna ley internacional. Es similar a la Estrategia Industrial 4.0 de Alemania, que fue una inspiración directa para el plan chino.

Pero el liderazgo político de China está preparando el programa para producir campeones nacionales que puedan encabezar el dominio de China en el sector de alta tecnología, con el objetivo de eventualmente reemplazar la tecnología extranjera por competidores nacionales.

Programa “Hecho en China” la manzana de la discordia

La notificación original del Consejo de Estado sobre el programa incluía objetivos de cuota de mercado para China, como “realizar garantías de autosuficiencia” para el 70% de sus “componentes básicos básicos y materiales básicos importantes” para el año 2025. El programa también se ha publicitado como parte del ambicioso sueño chino del presidente Xi Jinping de “rejuvenecimiento nacional”.

Lo que está en juego son las profundas diferencias entre China y las economías libres, incluido EE. UU., sobre la macrogestión y el papel del gobierno en la economía.

En agudo contraste, los líderes de China creen que una economía dirigida por el partido y dominada por el estado es fundamental tanto para el crecimiento futuro de la segunda economía más grande del mundo como para la consolidación del gobierno del Partido Comunista en el país. Al parecer, China ignoró una reacción violenta sobre sus políticas por parte de sus principales socios comerciales y competidores.

No está mal que China desarrolle la “innovación indígena”, pero el programa planificado centralmente incluye medidas, incentivos y otras formas de protección del mercado para apoyar a las empresas nacionales, lo que viola las normas del mercado libre y posiblemente las normas de la OMC. Por ejemplo, en el marco del programa, Pekín pretende subvencionar y otorgar préstamos por valor de alrededor de 1.500 millones de dólares estadounidenses a empresas nacionales para alcanzar sus objetivos. Las autoridades provinciales proporcionarán otros US $ 1.6 mil millones.

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