La preeminencia del Ejército en Pakistán puede volverlo Estado fallido

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Según el Índice de Democracia, ninguno de los cuatro países seleccionados para el debate en el seminario «Poder económico y Político de las Fuerzas Armadas: su impacto en la economía» realizado por el Foro de la Democracia: Pakistán, Myanmar, Turquía y Egipto, puntúa más de cinco de cada diez en la encuesta internacional del índice de 2017, que abarca indicadores que incluyen el pluralismo, las libertades civiles y políticas cultura.

El Dr. Hoodbhoy, abrió su discurso refiriéndose a dos artículos de los medios que demostraron claramente la influencia omnipresente que el Ejército de Pakistán tuvo sobre el gobierno civil. El primer artículo se refería a cómo los miembros del Senado saliente, que solicitaron una presentación de la Ley de la Autoridad de Mando Nuclear, aprobada por el Parlamento en 2010, nunca compartieron los lineamientos de la Ley sobre la base de que estaba relacionada con la seguridad nacional. El segundo artículo se refería a la preocupación, en los círculos financieros paquistaníes, sobre las formas de lidiar con la ‘lista gris’ de Pakistán por parte del Financial Action Task Force (FATF).

La investigación de Mc Donald

La ex periodista y autora de Reuters, Myra MacDonald recurrió a la investigación realizada para dos libros que ha escrito: Heights of Madness, sobre la guerra de Siachen entre India y Pakistán,  cómo Pakistán perdió la gran guerra de Asia meridional: comparando el poder de los militares en ambos países.

MacDonald analizó la evolución de la relación entre India y Pakistán y dijo que las pruebas nucleares de 1998 deberían, en teoría, haber creado paridad entre ellas, ya que Pakistán ya no tenía motivos para sentirse inseguro acerca de una invasión india. Sin embargo, en realidad, la India había utilizado el tiempo desde 1998 para emerger como una potencia mundial en ascenso, mientras que Pakistán había declinado a un estado «tambaleante», debilitado por su ausencia de democracia.

MacDonald argumentó que la democracia india, combinada con la diplomacia, había ayudado a apuntalar su éxito, mientras que el dominio del ejército en Pakistán no solo socavaba la democracia, sino que amenazaba con convertirla en un estado fallido. Afirmó que una economía tan centralizada y dominada por los militares les prohibía a las personas pobres o de clase media acceder a más recursos, construyendo una receta para el conflicto.

Añadió que, en lugar de mantener unido al país, el poder del ejército exageraba el poder existente de la provincia de Punjab y causaba conflicto en provincias más pequeñas como Baluchistán, cuyo pueblo sentía resentimiento por el dominio tanto del ejército como del Punjab. MacDonald, sin embargo, expresó su optimismo de que la vibrante sociedad civil de Pakistán, como lo ilustrara recientemente la Pashtun Long March, continuaría su oposición pacífica a la influencia militar.

Destacó las diferencias clave y las similitudes entre los sistemas militares egipcios y pakistaníes. Según ella, el ejército de Pakistán era mucho más jerárquico, con menos posibilidades de golpes desde dentro, aunque en ambas naciones los militares tenían un mayor sentido del bien nacional.

 

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