El nuevo comienzo de Colombia con presidente electo

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Colombia, durante muchos años el aliado latinoamericano más cercano a Washington, tiene un nuevo presidente electo, Iván Duque. Los primeros signos son muy alentadores, aunque un poco inciertos. Los colombianos -y los estadounidenses- pueden respirar aliviados de que Duque haya triunfado sobre su principal rival, el político izquierdista Gustavo Petro, un acérrimo defensor del vecino hombre fuerte de Venezuela, Nicolás Maduro.

Un gobierno fuerte y en favor de la libertad en Colombia podría ayudar a mantener la presión sobre el fallido régimen de Maduro al tiempo que socava la lógica de la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, una propuesta temeraria que el presidente Trump supuestamente consideró el verano pasado.

Aunque su candidatura surgió del partido del Centro Democrático de derecha del ex presidente Álvaro Uribe, Duque está libre del equipaje que muchos asocian con el «Uribismo». Tiene títulos de Georgetown y American University, ha trabajado en organizaciones multilaterales, es autor de varios libros sobre política y política económica, y fue asesor del ministro de Hacienda cuando Juan Manuel Santos, el presidente saliente, ocupó ese puesto.

En un país con una fuerte tradición jurídica que ha sufrido bajo el populismo izquierdista antiliberal y el despilfarro gradual de recursos económicos y humanos, Duque representa el voto de protesta de la sociedad civil contra el deterioro de las instituciones legales.

Proyecciones de Iván Duque en su gobierno

Duque afirma que pretende restaurar el poder judicial, desatar el espíritu emprendedor del pueblo, incluida la «economía naranja» (diversas industrias culturales y creativas cuyo potencial para impulsar la riqueza del país fue uno de los primeros en promocionar), defender el libre comercio y prevenir el fuerzas de la tiranía, estrechamente aliadas con la vecina Venezuela, de ganar tracción en casa.

Como millones de colombianos, Duque tiene serias preocupaciones sobre el acuerdo de paz del gobierno con las FARC narcoterroristas.

Duque ha mantenido que respetará la esencia del acuerdo de paz, pero planea introducir algunas medidas punitivas para que los violadores de los derechos humanos rindan cuentas por sus crímenes.

Si bien la posición de Duque ha sido fuente de controversia, la necesidad de revisar la implementación del acuerdo es clara. El ex comandante «Jesús Santrich», un negociador de las FARC que obtuvo un escaño en el Congreso y que forma parte del consejo encargado de supervisar el despliegue, ha sido acusado de seguir traficando narcóticos, la principal fuente de financiación de las FARC.

Con todo esto ocupando la atención del país, el venezolano Nicolás Maduro ha aprovechado la situación, liberando prisioneros comunes entre los miles de venezolanos que cruzan la frontera con Colombia a diario.

El apoyo que Duque ganó en la segunda ronda de otros partidos, y su sólida victoria electoral sobre su rival, sugieren que puede reunir una mayoría en el nuevo Congreso, que fue elegido hace meses, y que asumirá el cargo con el beneficio de montos significativos. de buena voluntad. El resto es su responsabilidad.

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