El ataque de Pearl Harbor y la reorganización mundial

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El bombardeo de Pearl Harbor fue un momento crucial en los Estados Unidos y en la historia mundial. El ataque llevó a los EE. UU. a la Segunda Guerra Mundial y puso en marcha una serie de eventos que transformarían al país en una superpotencia global y guardiana del orden internacional.

 

Más bien, el ataque constituyó una coyuntura crítica en la historia de las relaciones exteriores de EE. UU., dejando de lado el aislacionismo como una fuerza poderosa en la política interna y haciendo del compromiso en el extranjero la norma aceptada.

Expansión de los compromisos en el extranjero El esfuerzo de guerra requirió una movilización masiva de la economía y la sociedad de EE. UU. En el momento de su conclusión en 1945, los Estados Unidos habían construido para sí la mayor fuerza de combate en su historia, con una estructura de base militar que abarcaba todo el mundo. Japón y gran parte de Alemania estaban bajo la ocupación de los EE. UU.

Después de la victoria, el presidente Truman mostró una inclinación inicial a compartir la responsabilidad del orden mundial con los aliados de la guerra en el país: Gran Bretaña, Francia, la Unión Soviética y el gobierno nacionalista de China. Pero sacar a los EE. UU. De los asuntos mundiales resultó difícil, y la presidencia de Truman vería en cambio una marcada expansión de los compromisos de ultramar de Estados Unidos.

En Europa del Este, los soviéticos comenzaron a establecer un control político sobre los países que ocupaban, como Polonia y Checoslovaquia. Estas acciones alimentaron la consternación en los EE. UU. de que Moscú no era un socio responsable, sino que estaba empeñado en una mayor expansión, tal vez en toda Europa occidental o en Medio Oriente. El temor al comunismo pareció reivindicarse cuando, en 1950, las fuerzas norcoreanas cruzaron la intención paralela número 38 de unificar por la fuerza la península de Corea bajo el régimen comunista. Este acto de agresión catalizó una acumulación militar masiva por parte de la administración Truman.

Una política exterior colaborativa

La contención del comunismo se convirtió en el principio organizador de la política exterior de EE. UU. durante las próximas cuatro décadas, beneficiándose de un amplio consenso bipartidista sobre la cuestión. Lo que comenzó después de Pearl Harbor como un intento de derrotar al fascismo se transformó en 1950 en una lucha global para resistir al comunismo y mantener la independencia de las naciones en el llamado «mundo libre».

Ignorando el consejo de Thomas Jefferson sobre los peligros de las «alianzas enredaderas», Estados Unidos ofreció garantías de seguridad, formales e informales, a una multitud de naciones en Europa, Asia y otros lugares.

En concierto con sus aliados, los EE. UU. se propusieron construir un orden internacional liberal que integrara la cooperación internacional y creara espacios seguros para el florecimiento de las economías capitalistas.

Los EE. UU. usaron su poder para dar forma y remodelar el mundo durante las décadas que siguieron a 1945. Pero ahora han pasado 25 años desde que la Unión Soviética votó por su propia cuenta y la huella global de Estados Unidos sigue siendo sustancial.

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