Cuidado con la nueva relación militar-tecnológico

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La adopción de tecnología de vanguardia por parte de las fuerzas policiales y otras ramas del gobierno no es nueva, por supuesto. Pero los informes sobre Rekognition vienen después de las revelaciones sobre una participación más amplia del mundo tecnológico en la creación de instrumentos de vigilancia y herramientas para los militares, casi como un nuevo «complejo militar-tecnológico» para reemplazar el complejo militar-industrial del 20 siglo. A medida que las tecnologías como la IA y el aprendizaje automático se vuelven más comunes y sofisticados, los consumidores tendrán que preguntarse si desean apoyar a las empresas que incursionan en el negocio de la guerra y la aplicación de la ley.

Sin embargo, las grandes compañías tecnológicas ya están incursionando. Recientemente, se reveló que hubo una especie de revuelta interna en Google sobre si la compañía debería proporcionar su IA al ejército de los EE. UU. para mejorar la capacidad de los drones de reconocer personas y objetos. Cuatro mil empleados firmaron una carta en la que le pedían al director general Sundar Pichai que dejara de trabajar en Project Maven, el nombre que se le dio a la operación.

Relación del sector privado y el gobierno

Para compañías gigantes como Google o Microsoft, la interacción con el gobierno es casi inevitable. Ambas compañías ya ofrecen software y hardware para gobiernos de todo el mundo, y lo hacen porque los contratos gubernamentales, en particular los militares, proporcionan fuentes de ingresos grandes y sostenibles.

En ese sentido, la mezcla de Silicon Valley y el estado es solo una extensión de la realidad obvia de que los gobiernos también necesitan comprar cosas.

Pero hay algo único en la tecnología digital que refleja. Las tecnologías como la inteligencia artificial y la nube permiten una gran cantidad de aplicaciones: reconocimiento facial, enormes bases de datos de información como ADN o comportamiento del consumidor, predicción del delito, análisis del campo de batalla y mucho más. Algunos de estos usos pueden ser bastante inofensivos, pero otros son materia de la distopía porque lo que permiten es un nivel de vigilancia que simplemente no era posible antes.

El mundo está en la cúspide de un cambio profundo en la capacidad tanto del estado como de las empresas para vigilar, rastrear e influir en las vidas de las personas.

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